domingo, 26 de septiembre de 2010

Una semana de puros lunes...

Esta semana definitivamente quedará marcada en el resto de mi vida, no por una fiesta increíble a la cual pude haber ido, no lo por la noche que pude pasar con alguna chica, ni por alguna meta que haya cumplido.
Todo comenzó el lunes con el cumpleaños de alguien que aprecio mucho. Fue un día especial por muchos motivos pues no conversaba con esta persona hace mucho tiempo, a pesar de todos los problemas por los cuales habíamos pasado, estábamos ahí… conversando, poniéndonos al día de la vida de cada uno. Aparte de la amena conversación y los chistes de siempre, hubo algo que me sorprendió bastante y no era lo que me contaba, en parte sí, pero lo que percibía en esos incómodos silencios entre bocado y bocado de lasagna tenía quizá un poco más de relevancia, no sé si todavía tenga esa habilidad de leerla que tanto la asustaba, pero entendí algo… probablemente tenga razón o tal vez no. En fin me alegró verla sonreír una vez más.
Mi martes, un día normal, sin mayores apuros… aburrido diría yo, lo único que recuerdo fue haber leído What is a performance? De Richard Schechner, no por interés propio sino que al siguiente día tenía un control de lectura, pero entendí muchas cosas por las cuales estaba pasando, gracias a esa lectura, que tal coincidencia.
Miércoles, día de mierda, leí quizás toda mi carrera universitaria en una noche, pues se me acumularon lecturas. Necesitaba despejarme, así que salí con un amigo a vagar por ahí, estaba muy estresado, discutimos por motivos estúpidos, al final llegué a mi casa más irritado de lo que estaba.
Juergues? no lo creo... Mi jueves nada fuera de lo común, sin mayor relevancia, seguía incomodo por lo sucedido con mi amigo...
Mi viernes comenzó tranquilo en un bingo, con unos amigos, pensé que mi día sería tranquilo, y para mi buena suerte resolví diferencias con mi amigo y con otro galifardo salimos en busca de féminas, la jugada nos salió más o menos, me encontré con mi lunes por así decirlo y comencé mi sábado con un sanguchón campesino.
El mismo sábado, ya consciente por así decirlo me la pase pensando todo el día por un sueño que no me dejaba tranquilo, así que salí a caminar y me encontré con una amiga, conversamos una media hora y más tarde en la noche me perdí entre los botones de un mando y los efectos alucinogenos del ron cartavio, sigo pensando que debería grabar las estupideces que digo con mis amigos cuando estamos sobre los efectos del tan amigo "Ronaldo" sería oro para spots publicitarios.
El domingo, literalmente me levanté en San Bartolo, respirando la brisa marina y escuchando el sonido que hace el agua al chocar con las rocas, lo necesitaba. Todo tenía sentido, pues de una manera extraña, por primera vez me di cuenta que sentía celos de alguien, un sentimiento raro en mí, porque soy de las personas que se toman las cosas de manera simple. Miré hacia el horizonte y cerré mi semana con una pizza y buenas olas, afirmando de nuevo que en el mar la vida es más sabrosa.