—Si estás ahí, por favor no me asustes —dijo Gonzalo con voz temblorosa.—Siempre estoy —susurró una voz a su oreja.
—¿Cómo has estado? —preguntó agarrando su rosario y sin mirar quién estaba atrás.
—Bien, aunque sigo gordo me siento más ligero.
—¿Qué tal tu nueva casa?
—Se podría decir que tiene una bonita vista.
—¿Cómo está la abuela?
—Bien, ahora se la pasa jugando cartas con las amigas de su promoción.
—¿Y el abuelo?
—Se mudó al sótano —dijo la voz con un tono de tristeza—, ahora trabaja a tiempo completo en las calderas.
—¿Para qué has venido?
—Solo para ver cómo sigue mi campeón.
—¿Después de tanto tiempo?
—Sabes que ahora vivo muy lejos de tu casa.
—¿Te puedo decir algo?
—Dime hijo, para eso he venido
—Perdóname por no haberme dado cuenta cuánto te necesitaba, perdóname por no haberte dicho que te quiero.
—No era tu obligación
—¿Por qué lo dices?
—Dios nos pone como guías, nuestro deber es enseñar, mas no hacernos querer.
—Te extraño papá
—Yo también hijo, yo también.
—¿Te veré pronto?
—Si, pero no de esta manera.
La voz se perdía entre el bullicio de calle, Gonzalo solo llegó a escuchar “Adiós hijo, cuidate mucho”. Tomó impulso con las dos manos y cambió el vacío por el asfalto, bajó del puente. Aturdido por la visón que tuvo, volvió caminando a su casa pensando en lo sucedido, en su padre y si podría sobrellevar todo lo que esperaba.
—Bien, aunque sigo gordo me siento más ligero.
—¿Qué tal tu nueva casa?
—Se podría decir que tiene una bonita vista.
—¿Cómo está la abuela?
—Bien, ahora se la pasa jugando cartas con las amigas de su promoción.
—¿Y el abuelo?
—Se mudó al sótano —dijo la voz con un tono de tristeza—, ahora trabaja a tiempo completo en las calderas.
—¿Para qué has venido?
—Solo para ver cómo sigue mi campeón.
—¿Después de tanto tiempo?
—Sabes que ahora vivo muy lejos de tu casa.
—¿Te puedo decir algo?
—Dime hijo, para eso he venido
—Perdóname por no haberme dado cuenta cuánto te necesitaba, perdóname por no haberte dicho que te quiero.
—No era tu obligación
—¿Por qué lo dices?
—Dios nos pone como guías, nuestro deber es enseñar, mas no hacernos querer.
—Te extraño papá
—Yo también hijo, yo también.
—¿Te veré pronto?
—Si, pero no de esta manera.
La voz se perdía entre el bullicio de calle, Gonzalo solo llegó a escuchar “Adiós hijo, cuidate mucho”. Tomó impulso con las dos manos y cambió el vacío por el asfalto, bajó del puente. Aturdido por la visón que tuvo, volvió caminando a su casa pensando en lo sucedido, en su padre y si podría sobrellevar todo lo que esperaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario